jueves, 29 de julio de 2010

POR MIEDO DE PACHARICOS, NO ASEMBRA TRIGO.

POR MIEDO DE PACHARICOS, NO ASEMBRA TRIGO. Refrán sefaradí.


Se puede estar miel y magiún con alguien sin excesos, porque mutsha miel bulanéa.
Ha sorprendido sobremanera a los medios españoles, donde tanto abunda la mediocridad y el cinismo, la generalizada reacción del pueblo israelí de apoyo a su ejército, primero ante el intento del barco turco Mavi Mármara, con tripulación turca, miembros turcos de Al Qaeda, con alguna guarnición de menudeo e intelectuales de medio pelo, y segundo, ante la ociosa desfachatez de dos de estos elementos, los españoles Zutano y Perengana, de comunicar la inminente iniciación de acciones legales contra el Gobierno de Israel por haberle zumbado la badana a esta gente. Críticas aparte, razonadas unas, ácidas otras, ha dolido la histérica reacción de Erdogán, que ha encontrado por fin la justificación que andaba buscando para salir por el foro gesticulando como en algarabía. Ya decíamos respecto del futuro de las relaciones de Israel con los otomanos que, del mal, el menos.
En general, todos los medios o, al menos, los avispones que en sus redacciones frecuentan, están empeñados en que Israel y los israelíes perciban la situación de los habitantes de Gaza y de Judea y Samaria exactamente como ellos la dibujan, ignorando los sufrimientos propios y el camino recorrido. Puesto que la Historia es imposible reescribirla, pretenden que Israel acceda a barajar de nuevo las cartas, retrotrayendo la acción a 1948, como si las agresiones de los países musulmanes, primero, y de los terroristas arafatos, después, pudiesen ser borradas con una simple untura de vaselina, como si fuera factible borrar el recuerdo de los muertos propios. La victoria sobre los ejércitos mahometanos fue una gesta gloriosa: los invasores fueron expulsados y, al igual que en la Guerra de los Seis Días, dejaron muchos territorios abandonados en su huida. Jerusalén pasó a ser definitivamente la Capital de Israel, y Judea y Samaria, el Sinaí y los Altos del Golán se constituyeron en territorios susceptibles de ser canjeados por paz. El invento palestino, con su relato de hojas intercambiables, vino mucho después.
El desgarro que supone aceptar entregar tierras de lo que siempre fue el Israel de la Biblia a unas gentes que nunca las habitaron y a cambio de una paz que, en todo caso, siempre será inestable, parece que no ha sido entendido por nadie, salvo por los propios israelíes. Quizás por ello no se toma en valor y se insta y presiona a Jerusalén para que haga caja con la calderilla. Piensan que las sucesivas oleadas terroristas, la llegada de cientos de miles de judíos ex soviéticos, el fortalecimiento de las raíces religiosas y la amenaza nuclear iraní han remodelado al israelí medio, ablandándolo. Por el contrario, éste se siente fuerte y necesario, y así lo reconoció Dany Ayalon con sus palabras dirigidas a todos los judíos del mundo tras la acción invasiva del Mavi Mármara: “Gracias por escuchar, por comprender, por defender y por intentar colocar las cosas en la perspectiva correcta, recordando que nosotros somos aquí las víctimas y que somos nosotros quienes nos vemos obligados a emprender estas acciones para defendernos.” Yo, en mi lejanía e impotencia, también me siento víctima.
Y sí, también en Israel, en todo Israel, se siente que se es, no como excretan El País y sus “corresponsales”, un obstáculo para la paz en la región, sino como el insalvable obstáculo para que la pax islámica pueda imperar en la región y zonas civilizadas periféricas. Son sospechosas al respecto las coincidencias en los discursos de estos gacetilleros y los nuevos pregones de Tayyip Erdogan, todos con mensajes unívocos y sincrónicos tras las provocaciones de las flotillas. El rumbo tomado por Turquía hacia la confluencia con Siria e, indirectamente, con Irán, nos demuestra que las asignaturas afgana e iraquí están efectivamente pendientes, y que el famoso eje del mal de la época Bush era más largo y sinuoso de lo que parecía. “Nadie debe poner a prueba la paciencia de Turquía”, dicen que han dicho en Ankara. Deben estas palabras, sin duda, hacer referencia a las siempre renovadas reticencias de Francia, Alemania y Chipre a las aspiraciones otomanas de convertirse en miembro de pleno derecho de la Unión Europea, y no a una advertencia hacia Israel. Sería grave, torpe y ridícula ésta, ya que de sobra es conocida la condición de emasculado del régimen turco por su peculiar pertenencia a la OTAN. De todo ello se acuerda uno, y de Valeri Giscar d´Estaing, con su batallar denodado en contra de tal integración, cuando entresaca lo que de amenaza tienen las palabras del “corresponsal” de El País, afirmando que las fuerzas armadas de Turquía, “las segundas más numerosas de la OTAN”, avalan su nueva condición de potencia mediterránea y su “capacidad de respuesta”. Respuesta, ¿a qué? ¿A la negativa europea a integración? ¿Ignora el periodista que la única respuesta que Europa espera o, mejor, exige, es precisamente la contraria a la que está proponiendo desde hace meses? La respuesta que se le exige está relacionada con los derechos humanos de todos sus habitantes, con la democracia real, con el imperio de las libertades, y no con el número de semáforos o kilómetros de carreteras asfaltadas.
Erdogán pretende erigirse en el nuevo líder de los mil quinientos millones de islamistas, más o menos, que dicen que existen. Otro.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

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