DIVERGENCIAS

Decía yo hace algunas meses:
Marek Halter es polaco y muchas cosas más, pero sobre todo judío. Y le duele Israel, su rol actual en el mundo y su existencia futura. Le duele Israel, como buen judío, por la permanente disyuntiva en que vive, sin que primen más pros o contras. Pero tiene la valencía de definirse con positivismo, sin aspavientos, con conocimiento de causa.
Viene a decir Halter que la verdadera opción de paz para Israel viene de la mano de Bashar el Assad, el sirio. Cuando conocí esta afirmación, debo reconocer que los pocos cabellos que me quedan se me pusieron de punta, pero a los pocos segundos he ido comprendiendo sus elementales razonamientos; elementales, pero no simples. Parte desde varios principios incuestionables: Siria es enemigo de Israel; Hamás y Hezbolá tienen que desaparecer, por las buenas o por las malas; Hamás y Hezbolá son protegidos de Siria; la eliminación de ambas bandas depende de la eliminación del protector y ésta tiene dos posibilidades; una, bélica, es incierta, peligrosa y no recomendable; la otra, negociación, supondría nadar contra corriente, pero en aguas propias. Negociar paz con los amigos es una bobada. Negociar paz con el enemigo es una acción inteligente, sabiendo escoger el momento. En el caso de Siria, con su intencionada postura en Annapolis, parece clara su disposición favorable. Son múltiples los mensajes enviados por el dictador Bashar el Assad en pro del inicio de negociaciones, porque es consciente de que por ser el único país laico entre las teocracias árabes está señalado con el dedo: es un infiel.
Coincidimos en que hay que ofrecer un cabo al régimen sirio, evitar su acercamiento a Irán y a los demenciales posicionamientos de Ahmadineyad. Hamás y Hezbolá son armas arrojadizas que Siria utiliza contra Israel, contra Ocidente, pero también las mantiene a determinada distancia del iraní. Como Marek Halter refiere, han pasado absolutamente inadvertidas en Occidente y por supuesto en Israel las palabras de Bashar el Assad ante la jefatura colegiada del partido Baas, ofreciendo claramiento su disposición a entablar negociaciones de paz permanente con los israelíes y dejando entrever que sin ellos no habrá paz permanente en las fronteras de Israel.
En la otra punta del arco, recorridos los ciento ochenta grados de rigor, me encuentro con unas pequeñas y reiteradas confesiones de Daniel Barenboim, más conocido que el anterior dentro y fuera de los despachos. Es emigrado de Argentina y pretende hacernos creer que con el pasaporte palestino, que con tanto orgullo esgrime, va a poder demostrar que la historia está mal escrita. Comienza afirmando lo obvio, como un aserto en contra de la opinión general: el conflicto entre Israel y los territorios palestinos no tiene solución militar. Mire, Daniel, salvo algún que otro lunático, en Israel nadie afirma ni pretende que la solución al problema esté en las armas. Lo que sí se dice y pretende es que la primera, más legal y convincente forma de defenderse del terrorismo es atacando y matando terroristas. De los palestinos, que yo sepa, no se ha recibido más que bombas, cohetes y terror; quizás usted haya recibido algún piano.
Posiblemente usted tendría que haber matizado si se refería a los árabes del interior o a los palestinos de Gaza y Cisjordania. Si se refería a los primeros, es cierto que ya constituyen el 22% de la población israelí, pero omite puntualizar que son una pequeña parte de un colectivo diseminado de forma rala a lo largo y ancho de Oriente Próximo y que las artes y las manos que todos conocemos desplazaron masivamente para crear por arte de birlibirloque el reino hachemita. La quinta columna que quedó después de ser invadido Israel en 1948 son los polvos de estos lodos. El bienestar de los palestinos de Gaza y Cisjordania no es el problema de Israel, sino de la ANP. El crecimiento demográfico de sus habitantes árabes-musulmanes sí será el verdadero problema de Israel...y de esos mismos árabes-musulmanes. El tema de los pasaportes es baladí. Podrá ser útil para pasear orquestas y hacerse fotos con él, pero no para tomarlo en consideración. El sabio refranero sefaradí dice al respecto: "Tanucuní, tanibraga, tantchicur de caniamaso".

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