GUAY!, CUANDO EL AMARES FAVLA, LACHÉN HA KODESH.
GUAY!, CUANDO EL AMARES FAVLA, LACHÉN HA KODECH. Refrán sefaradí.
La paranoia de Presidente de Venezuela, Don Hugo Chávez Frías, a mi criterio está llegando a límites críticos. Poco a poco ha ido ampliando el espectro de su vena nacionalista, y de repudiar amigos y aliados -sustituyendo todas los recuerdos fotográficos de su país por la única y de tamaño póster de Mamud Ahmadinejad, al que ha colocado en lugar preferencial de su despacho, en medio de los de Bolívar, Gamal Abdel Nasser y Yasser Arafat-, y expropiar edificios, bancos y emisoras, ha pasado a cambiar los nombres de accidentes geográficos que a su juicio (¿?) no eran, no podían serlo, suficiente y bolivarianamente revolucionarios. Ha ocurrido, según leo, con las cataratas más altas del mundo, Salto del Ángel. Pese a que en reiteradas ocasiones Chávez ha hecho manifiesta ostentación de su cristiana religiosidad, le ha dado repelús que esta maravilla de la Naturaleza siga llevando el nombre de un alado espíritu, Ángel, y lo ha sustituido a golpe de galones por el de Kerepakupai-Merú, cuya traducción literal de la lengua “poma” es “Cascada en lo más profundo”. No digo esto con ánimo de crítica, sino reconociendo que es legítimo que los países, sobre todo las antiguas colonias, cambien la denominación de sus monumentos, tanto naturales como ornamentales, impuesta por la metrópoli de turno. Ya la montaña desde la que se precipita la catarata, Churún-merú, había sido nombrada, curiosamente Auyan Tepul (Montaña del Diablo) hace muchos, muchos años, cuando la lengua “poma”, ahora muerta, era la única usada en aquellos territorios. Pero este furor ultranacionalista, muy propio de regímenes populistas y sus gerifaltes en su necesidad vital de llenar de contenido su ideario con eslóganes, chirridos y enemigos, es menester colocarlo en su exacto lugar para que conserve su tufillo propagandístico, justo al lado de las otras actividades bolivariano-revolucionarias de Chávez, de las cuales hace visible ostentación.
Analizando todo el trajín de Don Hugo, incluyendo sus declaraciones públicas, viene uno a preguntarse cuál es la ideología que le sirve de motor. Cualquier bien pensante, tras considerar las correrías de este presidente electo, necesariamente se ve obligado a poner en cuestión la limpieza del rumbo tomado, habida cuenta que tan revolucionario le parece el Régimen cubano como el iraní, tan fraternales Evo Morales y Ortega como Ahmadideyad. El amor entre este islamista y Chávez se refuerza día a día, y ya parece un acontecimiento perdido en el tiempo la incorporación de Venezuela a la Liga Árabe como observador, aunque nada de lo que ocurra en este espurio idilio en pro de su consolidación nos debe extrañar en absoluto, porque será el resultado de las actividades incensarias de los botafumeiros más directos de Don Hugo: Mohamed Abdul Hadi, vicepresidente de la Comunidad Musulmana de Porlamar (Venezuela), y Raimundo Kabchi, Director del Instituto de Estudios Diplomáticos P.G. y adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela. Tan cercanos a la cabecera del Presidente, ambos son miembros destacadísimos de la comunidad musulmana venezolana. Es tanta la ascendencia que ejercen sobre el líder bolivariano que en algunas ocasiones se le ha acusado a este desde Washington de permitir que Al Qaeda y Hezbolá entrenase a sus células en Isla Margarita, camuflados entre los islamistas del lugar y amparados por el gobernador del Estado de Anzoátegui, Tarik William Saab, de reconocida ascendencia mora.
Me resultan en tal caso aparentes las teóricas diferencias ideológicas entre los regímenes iraní y venezolano. Uno, el iraní, es una teocracia clerical, y el otro una cuasi dictadura populista, pero ambos mantienen una hipócrita similitud en la manoseada retórica anti-imperialista que acuñase Fidel Castro en los años sesenta, y una absoluta coincidencia en diatribas, soflamas y discurso contra Israel y los judíos. Ambos están inmersos en costosos y demenciales programas militares, y de ahí su afán de encarecer el precio del crudo y convertir la OPEP en un instrumento de guerra contra Occidente. Esta afirmación, que parece una “boutade”, es pura lógica, puesto que la ruta que han tomado, por conocidísima, ya la Historia nos la ha definido como de ineludible confrontación con el mundo libre; “un revolucionario frente común”, como ha dicho el mismo Chávez. Sin embargo, habría que advertir que en este dúo, el de habla hispana es el elemento débil e influenciable, el que asimila y toma como suyas las posiciones y directrices que se emiten desde Teherán. Eso es lo que convierte en peligrosos los sueños de aventuras de este soldadito escopetero, que, de otra manera y a las alturas del siglo que estamos, no serían más que un salpullido adolescente.
Así que las barrabasadas, los juegos de mano y las zancadillas de Don Hugo Chávez Frías en Venezuela son asunto de los venezolanos. Como asunto y penar de los venezolanos es tener que soportar las interminables, sucesivas y sorpresivas apariciones de su “showman” principal en las pantallas de los televisores -se calcula que más de 3.000 arengas presidenciales-, de récord, conseguido gracias a sus habilidades de tahúr político y camorrista de partido, a imitación de sus admirados Benito Mussolini, secretamente, y Fidel Castro, Nasser y Arafat, públicamente. La egolatría al poder. Sumisión por compresión. Al contrario que en sus odiados países occidentales, donde las apariciones presidenciales son escasas, medidas y pactadas: Una vez cada mes y medio en Colombia, si es autorizada por la Comisión Nacional de Televisión; una vez en varios años en la República Dominicana; cuando las cadenas estimen la importancia del discurso, en EEUU, ya que prima la libertad de las mismas, y aunque el Sistema de Alertas por Emergencias puede exigir su emisión en caso de extrema gravedad; “cuando se trate de transmitir informaciones de trascendencia para la nación”, en Méjico, al igual que en España.
Siempre digo que, salvo golpe de estado, trampa o fraude en comicios, los países tienen los gobernantes que se merecen. Aunque también es cierto que los elegidos, a lo largo del mandato constitucional, suelen cambiar sobre la marcha, dependiendo de las diferentes coyunturas que se vayan presentando en cualquiera de los campos. Lo que es previsible. Diferente es que en sus relaciones internacionales, esos gobernantes zascandileen y pongan en peligro la entente cordial, o fluida al menos. Esta actitud, de darse, suele obedecer a criterios pre-establecidos, estratégicos, fóbicos o ideológicos, que es lo que ha ocurrido con el líder venezolano en relación con EEUU y, por simbiosis, a los países de su entorno. Sin embargo, la fobia anti-israelí y anti-judía de Hugo Chávez es el marchamo de viabilidad que Ahmadinejad le coloca a sus adláteres, la declaración de principios, la salmodia de sumisión que le exige a sus aliados, aunque sean pequeños como soldaditos de plomo. En realidad, suelta por sus gruesos morros más improperios contra Israel y los judíos que Nasralláh o Ismail Haniya.
Según denuncia el Centro Simón Wiesenthal, Chávez espetó en una recepción al líder iraní: “El mundo es de todos, pero algunas minorías, los descendientes de aquellos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo”.
Según detalla Libération, Chávez identificó a esos “dueños del mundo” diciendo: “Más que nunca extrañamos a Cristo (…), pero resulta que una minoría, los descendientes de aquellos que crucificaron a Cristo (…) se apoderó de las riquezas del mundo (…) y concentró esas riquezas en pocas manos”.
Triste tríada de un triste trilero: Cristo, Mahoma y Castro. Cristo como elemento educador en una infancia y juventud a las que no puede repudiar, Mahoma figura principal en sus nuevas preferencias, libadas en curso acelerado de islamismo, y Castro, títere abandonado por la ex Unión Soviética y miembro de un coro sin partitura, cantor de una izquierda de la que ignora principios y conceptos.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/
La paranoia de Presidente de Venezuela, Don Hugo Chávez Frías, a mi criterio está llegando a límites críticos. Poco a poco ha ido ampliando el espectro de su vena nacionalista, y de repudiar amigos y aliados -sustituyendo todas los recuerdos fotográficos de su país por la única y de tamaño póster de Mamud Ahmadinejad, al que ha colocado en lugar preferencial de su despacho, en medio de los de Bolívar, Gamal Abdel Nasser y Yasser Arafat-, y expropiar edificios, bancos y emisoras, ha pasado a cambiar los nombres de accidentes geográficos que a su juicio (¿?) no eran, no podían serlo, suficiente y bolivarianamente revolucionarios. Ha ocurrido, según leo, con las cataratas más altas del mundo, Salto del Ángel. Pese a que en reiteradas ocasiones Chávez ha hecho manifiesta ostentación de su cristiana religiosidad, le ha dado repelús que esta maravilla de la Naturaleza siga llevando el nombre de un alado espíritu, Ángel, y lo ha sustituido a golpe de galones por el de Kerepakupai-Merú, cuya traducción literal de la lengua “poma” es “Cascada en lo más profundo”. No digo esto con ánimo de crítica, sino reconociendo que es legítimo que los países, sobre todo las antiguas colonias, cambien la denominación de sus monumentos, tanto naturales como ornamentales, impuesta por la metrópoli de turno. Ya la montaña desde la que se precipita la catarata, Churún-merú, había sido nombrada, curiosamente Auyan Tepul (Montaña del Diablo) hace muchos, muchos años, cuando la lengua “poma”, ahora muerta, era la única usada en aquellos territorios. Pero este furor ultranacionalista, muy propio de regímenes populistas y sus gerifaltes en su necesidad vital de llenar de contenido su ideario con eslóganes, chirridos y enemigos, es menester colocarlo en su exacto lugar para que conserve su tufillo propagandístico, justo al lado de las otras actividades bolivariano-revolucionarias de Chávez, de las cuales hace visible ostentación.
Analizando todo el trajín de Don Hugo, incluyendo sus declaraciones públicas, viene uno a preguntarse cuál es la ideología que le sirve de motor. Cualquier bien pensante, tras considerar las correrías de este presidente electo, necesariamente se ve obligado a poner en cuestión la limpieza del rumbo tomado, habida cuenta que tan revolucionario le parece el Régimen cubano como el iraní, tan fraternales Evo Morales y Ortega como Ahmadideyad. El amor entre este islamista y Chávez se refuerza día a día, y ya parece un acontecimiento perdido en el tiempo la incorporación de Venezuela a la Liga Árabe como observador, aunque nada de lo que ocurra en este espurio idilio en pro de su consolidación nos debe extrañar en absoluto, porque será el resultado de las actividades incensarias de los botafumeiros más directos de Don Hugo: Mohamed Abdul Hadi, vicepresidente de la Comunidad Musulmana de Porlamar (Venezuela), y Raimundo Kabchi, Director del Instituto de Estudios Diplomáticos P.G. y adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela. Tan cercanos a la cabecera del Presidente, ambos son miembros destacadísimos de la comunidad musulmana venezolana. Es tanta la ascendencia que ejercen sobre el líder bolivariano que en algunas ocasiones se le ha acusado a este desde Washington de permitir que Al Qaeda y Hezbolá entrenase a sus células en Isla Margarita, camuflados entre los islamistas del lugar y amparados por el gobernador del Estado de Anzoátegui, Tarik William Saab, de reconocida ascendencia mora.
Me resultan en tal caso aparentes las teóricas diferencias ideológicas entre los regímenes iraní y venezolano. Uno, el iraní, es una teocracia clerical, y el otro una cuasi dictadura populista, pero ambos mantienen una hipócrita similitud en la manoseada retórica anti-imperialista que acuñase Fidel Castro en los años sesenta, y una absoluta coincidencia en diatribas, soflamas y discurso contra Israel y los judíos. Ambos están inmersos en costosos y demenciales programas militares, y de ahí su afán de encarecer el precio del crudo y convertir la OPEP en un instrumento de guerra contra Occidente. Esta afirmación, que parece una “boutade”, es pura lógica, puesto que la ruta que han tomado, por conocidísima, ya la Historia nos la ha definido como de ineludible confrontación con el mundo libre; “un revolucionario frente común”, como ha dicho el mismo Chávez. Sin embargo, habría que advertir que en este dúo, el de habla hispana es el elemento débil e influenciable, el que asimila y toma como suyas las posiciones y directrices que se emiten desde Teherán. Eso es lo que convierte en peligrosos los sueños de aventuras de este soldadito escopetero, que, de otra manera y a las alturas del siglo que estamos, no serían más que un salpullido adolescente.
Así que las barrabasadas, los juegos de mano y las zancadillas de Don Hugo Chávez Frías en Venezuela son asunto de los venezolanos. Como asunto y penar de los venezolanos es tener que soportar las interminables, sucesivas y sorpresivas apariciones de su “showman” principal en las pantallas de los televisores -se calcula que más de 3.000 arengas presidenciales-, de récord, conseguido gracias a sus habilidades de tahúr político y camorrista de partido, a imitación de sus admirados Benito Mussolini, secretamente, y Fidel Castro, Nasser y Arafat, públicamente. La egolatría al poder. Sumisión por compresión. Al contrario que en sus odiados países occidentales, donde las apariciones presidenciales son escasas, medidas y pactadas: Una vez cada mes y medio en Colombia, si es autorizada por la Comisión Nacional de Televisión; una vez en varios años en la República Dominicana; cuando las cadenas estimen la importancia del discurso, en EEUU, ya que prima la libertad de las mismas, y aunque el Sistema de Alertas por Emergencias puede exigir su emisión en caso de extrema gravedad; “cuando se trate de transmitir informaciones de trascendencia para la nación”, en Méjico, al igual que en España.
Siempre digo que, salvo golpe de estado, trampa o fraude en comicios, los países tienen los gobernantes que se merecen. Aunque también es cierto que los elegidos, a lo largo del mandato constitucional, suelen cambiar sobre la marcha, dependiendo de las diferentes coyunturas que se vayan presentando en cualquiera de los campos. Lo que es previsible. Diferente es que en sus relaciones internacionales, esos gobernantes zascandileen y pongan en peligro la entente cordial, o fluida al menos. Esta actitud, de darse, suele obedecer a criterios pre-establecidos, estratégicos, fóbicos o ideológicos, que es lo que ha ocurrido con el líder venezolano en relación con EEUU y, por simbiosis, a los países de su entorno. Sin embargo, la fobia anti-israelí y anti-judía de Hugo Chávez es el marchamo de viabilidad que Ahmadinejad le coloca a sus adláteres, la declaración de principios, la salmodia de sumisión que le exige a sus aliados, aunque sean pequeños como soldaditos de plomo. En realidad, suelta por sus gruesos morros más improperios contra Israel y los judíos que Nasralláh o Ismail Haniya.
Según denuncia el Centro Simón Wiesenthal, Chávez espetó en una recepción al líder iraní: “El mundo es de todos, pero algunas minorías, los descendientes de aquellos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo”.
Según detalla Libération, Chávez identificó a esos “dueños del mundo” diciendo: “Más que nunca extrañamos a Cristo (…), pero resulta que una minoría, los descendientes de aquellos que crucificaron a Cristo (…) se apoderó de las riquezas del mundo (…) y concentró esas riquezas en pocas manos”.
Triste tríada de un triste trilero: Cristo, Mahoma y Castro. Cristo como elemento educador en una infancia y juventud a las que no puede repudiar, Mahoma figura principal en sus nuevas preferencias, libadas en curso acelerado de islamismo, y Castro, títere abandonado por la ex Unión Soviética y miembro de un coro sin partitura, cantor de una izquierda de la que ignora principios y conceptos.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

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