RAYÁRSELO DEL CACHCO. Del refranero sefaradí.
RAYÁRSELO DEL CACHCO. Del refranero sefaradí.
Es lo que la gente de la izquierda comenzamos a calibrar respecto de nuestro objetivo último, una vez que la gran sementera, el gran hermano, el Partido por antonomasia, el proyector de ilusiones, fue mostrando sus verdaderas intenciones a los que tenían mínimamente acceso a los secretos y maledicencias. Abandonar toda esperanza de que aquel fuese el camino a seguir, el marcado con lápiz rojo en el mural de la Historia. Cuando cayó la Unión Soviética, muchos ya no éramos puros, ya habíamos perdido la inocencia, violentados, violadas nuestras almas por el engaño más profundo y brutal -creo que único- que se le haya hecho al ser humano universal. El resto, los otros, los iluminados, ciegos de pura ceguera, se mantuvieron en el tiempo como las motas de polvo lo hacen, tornasolados en cada rayo de sol, en tropelía. Como termitas reprogramadas en cada otoño, repellando mal que bien las deterioradas paredes del edificio, por cuyos agujeros tanto se les escapaban los héroes y santos propios como entraban los fetiches, ídolos y demonios ajenos, aquellos pequeños sacrificados, renegridos en la pelea diaria, perdida de antemano, siguen a la búsqueda de iconos y causas que mitiguen sus colectivas frustraciones.
No se deja de considerar que esa otra izquierda, en sus inicios digna contrincante en los métodos y objetivos finales, con el tiempo ha ido manchando sus vestimentas en los mismos lodazales, en idénticos lupanares y sitios de lenocinio, mimetizando, como Social-democracia, las muecas y tics de los herederos del Partido, compitiendo con ellos por las mismas groseras amistades.
Tampoco es desdeñable esa hijuela nacida a los pies de esos sus dos padres por mor de la simbiosis sobrevenida y que toma por nombre “progresía”. El voraz apetito de ésta es contenido, según muchos de los estudios sociológicos sobre el electorado, por el inexplicable comportamiento político de los ciudadanos. Esto ha originado la confusión general y, cuando algunos entendidos predijeron hace años el fin de las ideologías, se les tachó de fantasiosos. Progresía ha sustituido a Izquierda en el mundo actual, y bajo sus alas se refugian muchos de los que extraviaron su ideología y señas de identidad. Aunque los líderes de los partidos socialistas y comunistas siguen negando no solo la falta de consistencia del mensaje de aquellos, tachándolo de volátil y fácilmente desmenuzable, sino también la nula voluntad de explicar a los ciudadanos, al hombre y al mundo, la validez de los valores que fueron aceptados, manipulados y perdidos. De ahí que aplaudamos una frase leída ayer en la prensa: “…la ideología es la forma más coherente de ordenar los proyectos políticos.” Por consiguiente, si no hay ideología o ha perdido su esencia por exceso de licuación, los proyectos políticos o no existen o son erráticos.
La inexistencia de estos valores, que los politólogos afines llaman “crisis de la izquierda”, ha devenido en considerar como propios los logros electorales de partidos “progresistas”, con su presencia continuada y lenitiva en las principales democracias parlamentarias. Sin embargo, nadie se pregunta con qué ideario ha conseguido la progresía co-gobernar en las democracias actuales. Al parecer, poco les importa. Lo que sí les resulta significativo, aunque su capacidad de decisión real esté sobrevalorada, es mantener el número de actas parlamentarias. Esta insustancial representatividad es fácilmente perceptible observando el número de instituciones con una elevadísima capacidad de decisión que en estas democracias han ido creándose o recreándose en los últimos años, a su margen y muchas veces sobre ellas, de las cuales el ciudadano medio ignora existencia, idoneidad democrática e influencia sobre su propia vida y la de su familia. Pero la izquierda, en la bruma donde vivaquea, perdida la orientación, no distingue más que a sus propios espectros.
Pero he aquí que, como alcabala del viento, una fresca brisa sobre la memoria me recuerda que durante mucho tiempo, ser sionista de izquierda era lo más racional que un joven podía ser en Israel, y que Israel fue fundado precisamente por aquellos sus locos sionistas de izquierda y sus primeros ochenta y siete kibutzim de Hashomer Hatzair. Había entonces un corazón sionista que latía a la izquierda del mundo, y desde Europa, desoyendo los cantos de sirenas y demás ninfas, nereidas, náyades y ondinas provenientes de la profunda cueva soviética, ignorando la insistente regatonería de los estalinistas, imbuidos como estaban ellos de aquella fatua infalibilidad casi religiosa de los ungidos por sabe D-s qué seres superiores, haciéndoles oídos sordos, aquellos locos sionistas de izquierda fundaron el Estado de Israel para todos los judíos, entre el alborozo general y la algazara y barahúnda de los comunistas del interior, tanto judíos como “opsimists”.
“Calumnia, que algo queda”, dice el dicho. De aquella miríada de eslóganes, consignas y frases de frontispicio extendidas por el obrerismo mundial, como antaño había ocurrido en la cristiandad, la imagen deformada como estereotipo del judío, de la judeidad y de Israel quedó grabada de manera indeleble en la memoria colectiva, salpicando incluso a los sectores del movimiento obrero más sanos e, incluso, dentro de Israel. ¿Dónde quedó, qué es lo que se sustenta de aquel espíritu revolucionario? ¿No han dejado herencia espiritual aquellos esforzados que contribuyeron a la creación del Estado Judío y que lucharon en España hace ya 74 años contra las tropas fascistas? Sólo sé que mi corazón se resiste a aceptar el entreguismo como resultado ineludible de una lucha que se ha dilatado en el tiempo, quizás excesivamente. Y me refugio en este poema de Haim Najman Bialik:
“Sin maestros y sin apoyo
Sin alguien que les señale el camino
¿Quién quitó la alegría de la liberación de vuestros ojos,
quién apagó vuestras chispas?
Cómo bajó vuestra voz
Y por qué se marchitaron vuestros labios
Ayer aún resonaba vuestra voz
Como trueno en los oídos
¿Quién oscureció vuestra aurora antes de que aclare?
¿Quién borró la alegría de vuestra esperanza?
¿Quién quitó la risa y el canto
de los labios de los niños?”
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/
Es lo que la gente de la izquierda comenzamos a calibrar respecto de nuestro objetivo último, una vez que la gran sementera, el gran hermano, el Partido por antonomasia, el proyector de ilusiones, fue mostrando sus verdaderas intenciones a los que tenían mínimamente acceso a los secretos y maledicencias. Abandonar toda esperanza de que aquel fuese el camino a seguir, el marcado con lápiz rojo en el mural de la Historia. Cuando cayó la Unión Soviética, muchos ya no éramos puros, ya habíamos perdido la inocencia, violentados, violadas nuestras almas por el engaño más profundo y brutal -creo que único- que se le haya hecho al ser humano universal. El resto, los otros, los iluminados, ciegos de pura ceguera, se mantuvieron en el tiempo como las motas de polvo lo hacen, tornasolados en cada rayo de sol, en tropelía. Como termitas reprogramadas en cada otoño, repellando mal que bien las deterioradas paredes del edificio, por cuyos agujeros tanto se les escapaban los héroes y santos propios como entraban los fetiches, ídolos y demonios ajenos, aquellos pequeños sacrificados, renegridos en la pelea diaria, perdida de antemano, siguen a la búsqueda de iconos y causas que mitiguen sus colectivas frustraciones.
No se deja de considerar que esa otra izquierda, en sus inicios digna contrincante en los métodos y objetivos finales, con el tiempo ha ido manchando sus vestimentas en los mismos lodazales, en idénticos lupanares y sitios de lenocinio, mimetizando, como Social-democracia, las muecas y tics de los herederos del Partido, compitiendo con ellos por las mismas groseras amistades.
Tampoco es desdeñable esa hijuela nacida a los pies de esos sus dos padres por mor de la simbiosis sobrevenida y que toma por nombre “progresía”. El voraz apetito de ésta es contenido, según muchos de los estudios sociológicos sobre el electorado, por el inexplicable comportamiento político de los ciudadanos. Esto ha originado la confusión general y, cuando algunos entendidos predijeron hace años el fin de las ideologías, se les tachó de fantasiosos. Progresía ha sustituido a Izquierda en el mundo actual, y bajo sus alas se refugian muchos de los que extraviaron su ideología y señas de identidad. Aunque los líderes de los partidos socialistas y comunistas siguen negando no solo la falta de consistencia del mensaje de aquellos, tachándolo de volátil y fácilmente desmenuzable, sino también la nula voluntad de explicar a los ciudadanos, al hombre y al mundo, la validez de los valores que fueron aceptados, manipulados y perdidos. De ahí que aplaudamos una frase leída ayer en la prensa: “…la ideología es la forma más coherente de ordenar los proyectos políticos.” Por consiguiente, si no hay ideología o ha perdido su esencia por exceso de licuación, los proyectos políticos o no existen o son erráticos.
La inexistencia de estos valores, que los politólogos afines llaman “crisis de la izquierda”, ha devenido en considerar como propios los logros electorales de partidos “progresistas”, con su presencia continuada y lenitiva en las principales democracias parlamentarias. Sin embargo, nadie se pregunta con qué ideario ha conseguido la progresía co-gobernar en las democracias actuales. Al parecer, poco les importa. Lo que sí les resulta significativo, aunque su capacidad de decisión real esté sobrevalorada, es mantener el número de actas parlamentarias. Esta insustancial representatividad es fácilmente perceptible observando el número de instituciones con una elevadísima capacidad de decisión que en estas democracias han ido creándose o recreándose en los últimos años, a su margen y muchas veces sobre ellas, de las cuales el ciudadano medio ignora existencia, idoneidad democrática e influencia sobre su propia vida y la de su familia. Pero la izquierda, en la bruma donde vivaquea, perdida la orientación, no distingue más que a sus propios espectros.
Pero he aquí que, como alcabala del viento, una fresca brisa sobre la memoria me recuerda que durante mucho tiempo, ser sionista de izquierda era lo más racional que un joven podía ser en Israel, y que Israel fue fundado precisamente por aquellos sus locos sionistas de izquierda y sus primeros ochenta y siete kibutzim de Hashomer Hatzair. Había entonces un corazón sionista que latía a la izquierda del mundo, y desde Europa, desoyendo los cantos de sirenas y demás ninfas, nereidas, náyades y ondinas provenientes de la profunda cueva soviética, ignorando la insistente regatonería de los estalinistas, imbuidos como estaban ellos de aquella fatua infalibilidad casi religiosa de los ungidos por sabe D-s qué seres superiores, haciéndoles oídos sordos, aquellos locos sionistas de izquierda fundaron el Estado de Israel para todos los judíos, entre el alborozo general y la algazara y barahúnda de los comunistas del interior, tanto judíos como “opsimists”.
“Calumnia, que algo queda”, dice el dicho. De aquella miríada de eslóganes, consignas y frases de frontispicio extendidas por el obrerismo mundial, como antaño había ocurrido en la cristiandad, la imagen deformada como estereotipo del judío, de la judeidad y de Israel quedó grabada de manera indeleble en la memoria colectiva, salpicando incluso a los sectores del movimiento obrero más sanos e, incluso, dentro de Israel. ¿Dónde quedó, qué es lo que se sustenta de aquel espíritu revolucionario? ¿No han dejado herencia espiritual aquellos esforzados que contribuyeron a la creación del Estado Judío y que lucharon en España hace ya 74 años contra las tropas fascistas? Sólo sé que mi corazón se resiste a aceptar el entreguismo como resultado ineludible de una lucha que se ha dilatado en el tiempo, quizás excesivamente. Y me refugio en este poema de Haim Najman Bialik:
“Sin maestros y sin apoyo
Sin alguien que les señale el camino
¿Quién quitó la alegría de la liberación de vuestros ojos,
quién apagó vuestras chispas?
Cómo bajó vuestra voz
Y por qué se marchitaron vuestros labios
Ayer aún resonaba vuestra voz
Como trueno en los oídos
¿Quién oscureció vuestra aurora antes de que aclare?
¿Quién borró la alegría de vuestra esperanza?
¿Quién quitó la risa y el canto
de los labios de los niños?”
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

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