CEBOLLAS PELADAS
CEBOLLAS PELADAS
“De la mascará no se escapa si no se escampa”. Refrán sefaradí.
La monarquía alauita considera que cinco mil homosexuales en la cárcel son pocos homosexuales encerrados y se ha plantado bajo el corajudo grito de guerra: ¡No pasarán!”. Pese a tan aguerrida determinación gubernamental, el movimiento homosexual en Marruecos cuenta con una asociación, “Kifkif”, ilegal por supuesto, de apoyo a los gays marroquíes, surgida tras la detención masiva de cuarenta y tres de ellos en una fiesta de cumpleaños, allá por 2004. Pero la Sharía no perdona, ni los ulemas, ni la hipocresía. Aun cuando los homosexuales marroquíes tienen suerte de no ser ciudadanos de la República Islámica de Irán, ya que si bien en Marruecos su destino es negro como una celda, en el imperio de los “ayatholá con o sin chilaba” es una soga de cáñamo. En ninguno de los dos paraísos tienen siquiera el consuelo familiar. Ser gay en un ambiente islámico es motivo de anatema.
En España estamos a treinta años de distancia de una situación parecida. Hasta hace relativamente poco tiempo -30 años-, la homosexualidad estaba tipificada como delito grave en el Código Penal. Esta barbaridad, este chapapote en la legislación ha sido, debida y afortunadamente enjuagado, pese a que aún subyace en la ciudadanía ciertos resabios. Ello no obsta para que en los medios más populacheros tenga este colectivo trato consuetudinario.
Por el contrario y como decía antes, la sharía no perdona en los países islámicos. Aunque su aplicación no es igual en todos ellos, sí hay un punto donde todos están de acuerdo: la condena de la homosexualidad. El castigo va desde la extrema crueldad hasta la retención puntual y temporal, desde el aplastamiento con un tanque durante treinta minutos de cinco hombres acusados de gays (Afganistán. 25.02.1998) o con una excavadora de dos chavales de 18 y 20 años (Afganistán. 22.03.1998) por el mismo delito y ante un complaciente público, hasta el confinamiento por unas horas, mientras se celebraba una romería.
Como es sabido, la vida política en estos países está permanentemente mediatizada por la religión, de tal guisa que ambas conforman una forma de vida, una burbuja que todo lo externo lo filtra y el interior lo mantiene intoxicado. Incluso en países en los que la sharía no marca las pautas de convivencia de manera oficial, se producen ataques verdaderamente espeluznantes contra gays y, sobre todo, lesbianas. Si en Irán, la patria de Ahmadineyad, los homosexuales son apaleados y ahorcados en las plazas públicas, en Suráfrica, por ejemplo, las lesbianas son violadas por grupos de varones y luego baleadas. Diríase que la Edad Media sigue vigente en ellos.
No se hace necesario tirar de hermenéutica para saber, siquiera sospechar, que en todas las religiones la homosexualidad es tabú, sobre todo en la judía y en la cristiana. El tema está tan explícitamente definido en los libros sagrados (Lot) que parece no caber discusión, ni siquiera matizaciones al respecto. Ello no obsta, sin embargo, para que dentro del Judaísmo exista debate al respecto entre las diversas corrientes. En primer lugar se distingue entre personas homosexuales y actos homosexuales. Las primeras son sin duda aceptadas dentro del pueblo judío. Los actos homosexuales, por el contrario, el Levítico lo considera una abominación. El Rab. Shemtov lo definía sucinta e inteligentemente: “La Torá no prohíbe querer viajar en Shabat – la Torá prohíbe viajar en Shabat”. Y matiza: “¿Quién define la línea que separa la homosexualidad de la heterosexualidad? ¿Es blanco y negro?”.
Más claro, al parecer, lo tiene el rabino ortodoxo Steven Greenberg, quien proclama que es perfectamente compatible ser religioso y homosexual. Suya es la anécdota que refiere su irrefrenable atracción por un compañero de yeshiva y lógica consulta al Rabino Yosef Shalom Eliashuv, de visita por entonces en Jerusalén, hablándole con franqueza de su problema: que se sentía atraído por hombres y por mujeres. El sabio Rab. Yosef Shalom Eliashuv le dijo:
-Mi querido amigo, tienes dos veces el poder del amor. Úsalos con cuidado.
Posteriormente, el Rabino Greenberg decidió presentarse al mundo como homosexual, manifestando que el paso dado había sido más fácil de lo que había creído.
-Ha sido -dijo- como pelar una cebolla.
Haim.
“De la mascará no se escapa si no se escampa”. Refrán sefaradí.
La monarquía alauita considera que cinco mil homosexuales en la cárcel son pocos homosexuales encerrados y se ha plantado bajo el corajudo grito de guerra: ¡No pasarán!”. Pese a tan aguerrida determinación gubernamental, el movimiento homosexual en Marruecos cuenta con una asociación, “Kifkif”, ilegal por supuesto, de apoyo a los gays marroquíes, surgida tras la detención masiva de cuarenta y tres de ellos en una fiesta de cumpleaños, allá por 2004. Pero la Sharía no perdona, ni los ulemas, ni la hipocresía. Aun cuando los homosexuales marroquíes tienen suerte de no ser ciudadanos de la República Islámica de Irán, ya que si bien en Marruecos su destino es negro como una celda, en el imperio de los “ayatholá con o sin chilaba” es una soga de cáñamo. En ninguno de los dos paraísos tienen siquiera el consuelo familiar. Ser gay en un ambiente islámico es motivo de anatema.
En España estamos a treinta años de distancia de una situación parecida. Hasta hace relativamente poco tiempo -30 años-, la homosexualidad estaba tipificada como delito grave en el Código Penal. Esta barbaridad, este chapapote en la legislación ha sido, debida y afortunadamente enjuagado, pese a que aún subyace en la ciudadanía ciertos resabios. Ello no obsta para que en los medios más populacheros tenga este colectivo trato consuetudinario.
Por el contrario y como decía antes, la sharía no perdona en los países islámicos. Aunque su aplicación no es igual en todos ellos, sí hay un punto donde todos están de acuerdo: la condena de la homosexualidad. El castigo va desde la extrema crueldad hasta la retención puntual y temporal, desde el aplastamiento con un tanque durante treinta minutos de cinco hombres acusados de gays (Afganistán. 25.02.1998) o con una excavadora de dos chavales de 18 y 20 años (Afganistán. 22.03.1998) por el mismo delito y ante un complaciente público, hasta el confinamiento por unas horas, mientras se celebraba una romería.
Como es sabido, la vida política en estos países está permanentemente mediatizada por la religión, de tal guisa que ambas conforman una forma de vida, una burbuja que todo lo externo lo filtra y el interior lo mantiene intoxicado. Incluso en países en los que la sharía no marca las pautas de convivencia de manera oficial, se producen ataques verdaderamente espeluznantes contra gays y, sobre todo, lesbianas. Si en Irán, la patria de Ahmadineyad, los homosexuales son apaleados y ahorcados en las plazas públicas, en Suráfrica, por ejemplo, las lesbianas son violadas por grupos de varones y luego baleadas. Diríase que la Edad Media sigue vigente en ellos.
No se hace necesario tirar de hermenéutica para saber, siquiera sospechar, que en todas las religiones la homosexualidad es tabú, sobre todo en la judía y en la cristiana. El tema está tan explícitamente definido en los libros sagrados (Lot) que parece no caber discusión, ni siquiera matizaciones al respecto. Ello no obsta, sin embargo, para que dentro del Judaísmo exista debate al respecto entre las diversas corrientes. En primer lugar se distingue entre personas homosexuales y actos homosexuales. Las primeras son sin duda aceptadas dentro del pueblo judío. Los actos homosexuales, por el contrario, el Levítico lo considera una abominación. El Rab. Shemtov lo definía sucinta e inteligentemente: “La Torá no prohíbe querer viajar en Shabat – la Torá prohíbe viajar en Shabat”. Y matiza: “¿Quién define la línea que separa la homosexualidad de la heterosexualidad? ¿Es blanco y negro?”.
Más claro, al parecer, lo tiene el rabino ortodoxo Steven Greenberg, quien proclama que es perfectamente compatible ser religioso y homosexual. Suya es la anécdota que refiere su irrefrenable atracción por un compañero de yeshiva y lógica consulta al Rabino Yosef Shalom Eliashuv, de visita por entonces en Jerusalén, hablándole con franqueza de su problema: que se sentía atraído por hombres y por mujeres. El sabio Rab. Yosef Shalom Eliashuv le dijo:
-Mi querido amigo, tienes dos veces el poder del amor. Úsalos con cuidado.
Posteriormente, el Rabino Greenberg decidió presentarse al mundo como homosexual, manifestando que el paso dado había sido más fácil de lo que había creído.
-Ha sido -dijo- como pelar una cebolla.
Haim.

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