AL FIJO DE LA VIZINA, ALÍMPIALE EL MOCO Y SÚVELO ARRIVA. Refrán sefaradí.
Puede decirse que MERCOSUR ha estado de visita en Israel, ya que Luiz Inacio “Lula” da Silva concita buena parte del peso político de ese mercado y Brasil ejerce entre los socios sudamericanos su condición de hermano mayor. El Presidente brasileño se ha paseado por Israel haciendo mitinero alarde de un memorándum díctico sobre la Paz y sobre la paz entre israelíes y otros residentes de la zona, no sin unos trazos de innecesaria tensión. Si se ha comportado hábilmente al reafirmar las nuevas relaciones entre Brasil e Israel, ha hecho caso omiso de la prudencia en otros momentos de la visita. No obstante, este era un riesgo calculado por las autoridades israelíes, considerándolo un contrapeso o la otra cara de la moneda en su política de acercamiento al gran mercado sudamericano, tras la firma del Tratado de Libre Comercio. Que Lula se presentara como líder de la mayor potencia de Sudamérica era de esperar, puesto que el desaire a los EEUU y Canadá en la cumbre de México tenía más de posicionamiento en la cabecera de la foto oficial que de exclusión real de aquellos países de dicha cumbre, habida cuenta que ésta venía dada por la propia definición y naturaleza de la misma. Entonces, ¿qué andaba buscando Lula en Israel y sus alrededores?
En primer lugar, Lula persigue, una vez abandone su presidencia, dejar a Brasil colocado en primera línea de los países con capacidad de decisión mundial; incluso para él mismo, un estamento de parecido o igual rol. Al contrario que el Ministro español Moratinos, que pasea su triste figura entre bambalinas y despachos de medio pelo, Lula pudo ofrecer la aún imberbe diplomacia de una potencia más que emergente a la hora de intentar solucionar un problema como el de Oriente cercano. Imberbe y zarrapastrosa diplomacia en este caso, porque no de otra manera se puede calificar a la que, en el corazón de Israel, desaconseja a su líder, Lula, colocar unas flores junto a la tumba de Theodor Herzl. Mal comienzo. La bofetada diplomática llevaba un mensaje más allá de la huella dactilar dejada sobre el rostro de Netanyau, un mensaje dirigido al mundo, en especial al árabe-musulmán. No cabe duda de que el gesto, zafio y grosero, ha sido un guiño cómplice a Mahmud Ahmadinejad, sacristán mayor del régimen iraní, a Erdogán el turco, y a Bashar al-Assad, el heredero de la finca siria que su padre se apropió. Un gesto más, aunque innecesario, para afianzar una posición de interlocutor potente y, al mismo tiempo amistoso, a los líderes de esos regímenes islamistas. Tanto más cuanto la delegación brasileña, sin restregarse las gauchas botas, se apresuró a colocar unas sangrientas flores, en el sangriento panteón del sangriento terrorista Arafat.
Harán bien las autoridades israelíes en deglutir el sapo y no sobredimensionar estos gestos, propios de chamacocos sin desasnar, con miras a futuros y prósperos lazos comerciales. Pero tampoco olvidarlos, haciéndoselos recordar en cada oportunidad que se presente, como hizo Lieberman no asistiendo a ninguno de los discursos que Lula pronunció en su visita. Es obvio que, como advirtió el canciller de Exteriores, no puede venir como hermano quien osa meter en el mismo saco, en aras de unas futuras e hipotéticas negociaciones, los argumentos israelíes y los exabruptos de la gente terrorista. No es admisible que Lula pretenda utilizar el territorio de Israel como base logística para sus ambiciones políticas y ponga en cuestión la seguridad de los judíos, dando cobijo en su discurso y palmada en la espalda a quien, como Hamás, mantiene como único objetivo la lucha terrorista contra Israel, o apoyando un programa nuclear iraní, beligerante y amenazador de exterminio para con Israel. Verdad es que en un acto celebrado en Sanpablo para homenajear el “Día Nacional de la Cultura Árabe” dijo que “Si no colocamos a todos los implicados en torno a una mesa y comenzamos a discutir qué tipo de paz queremos, vamos a dejar las cosas igual a lo que está aconteciendo desde hace cincuenta años” Otra actitud buenista y pretensiosa. Huero discurso de quien no quiere saber de la Historia, de quien, al parecer, visita las hemerotecas sólo para consultar las viñetas necrológicas. Esa paz etérea e inasible que propugna no podrá ser un logro ignorando adrede la realidad y su génesis. No quiero, añadió, que se cometa con Irán el mismo error que se cometió con Iraq, cuya invasión en 2003 fue consecuencia de dos grandes “mentiras” contadas a la Humanidad. Una: el arsenal de armas químicas de Sadam. Dos: la pacificación del país después de la guerra, ya conclusa. Ambas, meros pretextos de EEUU y sus aliados.
Al respecto de la primera “mentira”, únicamente se me ocurre sospechar que de la importancia del arsenal químico de Sadam quien más debería saber sería el país suministrador, y este fue, en gran medida y exceso, EEUU. Durante años, el sherif mundial abasteció al dictador iraquí de ingentes cantidades de armas químicas. Parte de éstas fueron utilizadas contra los kurdos. El resto, obviamente, deberían estar guardadas a buen recaudo.
De la segunda “mentira” esgrimida por el bueno de Lula sólo cabe decir que la guerra inter-musulmana es mundial y antiquísima. El foco local de Iraq no es más que una de las miles de batallas que suníes y chiís han librado, libran y pelearán. Luego, los orígenes de la guerra con Iraq, con independencia de los soterrados intereses económicos americanos en la zona y del gran error que supuso la confusión del objetivo inmediato –Iraq por Irán-, fueron otras “mentiras”.
Incuestionablemente, Lula ha conseguido, al menos, uno de sus objetivos: que Brasil acapare espacio e interés entre los comentaristas y estudiosos políticos, a pesar de sus coqueteos con regímenes populistas y alérgicos al control democrático. Brasil ha dejado de ser únicamente el Carnaval de Río, y ello supone ocupar por derecho propio un espacio de las cabeceras de prensa, siendo esto, a su vez, significante preludio de confrontación con los EEUU en el arbitraje en las Américas.
Pero en lo que se refiere al rol desarrollado en su periplo medio oriental, que es lo que aquí nos importa, la frase supuestamente atribuida a Shimon Peres: “Venga, señor Presidente, y encienda la luz de la paz en Medio Oriente”, no puede ser más intempestiva o, al menos, inoportuna. La frase supone un cruel e injusto reconocimiento implícito de que la política llevada a cabo por Israel en su intento de consolidar su Estado en medio de de tanta cohetería, de tanto dardo envenenado, de tanta prensa malintencionada, de tato imbécil suelto –político o no político-, no ha sido, no es, la correcta, ya que ni con halcones ni con palomas se han conseguido resultados mínimamente ilusionantes sobre la paz con los musulmanes, si exceptuamos los tratados con Egipto y Jordania. A no ser que la frase de Peres, a tenor y en consonancia con su edad y su experiencia, tenga más de coña que de cortesía diplomática. En tal caso, que con su pan se lo coma Lula. Y, si hace al caso, con sus biocombustibles, con su etanol y con su petróleo. Porque no deben olvidar las autoridades brasileñas que esos mismos recursos energéticos con los que trata de apabullar a Bibi son los que a diario colocan en los mercados China, Rusia, India, a pesar de su ausencia o debilidad democrática. Tampoco que, si bien su tasa de inflación es mínima, para que su capacidad de influencia mundial sea real y efectiva, sus tasas de pobreza, de violencia y de desigualdad social deberán disminuir en el mismo porcentaje. Lo que, en definitiva quiere decirse, es que consejeros ricos y soberbios sobran, así como buenistas que vienen a oler en casa ajena, cuando tienen la mierda en su alcoba.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/
Puede decirse que MERCOSUR ha estado de visita en Israel, ya que Luiz Inacio “Lula” da Silva concita buena parte del peso político de ese mercado y Brasil ejerce entre los socios sudamericanos su condición de hermano mayor. El Presidente brasileño se ha paseado por Israel haciendo mitinero alarde de un memorándum díctico sobre la Paz y sobre la paz entre israelíes y otros residentes de la zona, no sin unos trazos de innecesaria tensión. Si se ha comportado hábilmente al reafirmar las nuevas relaciones entre Brasil e Israel, ha hecho caso omiso de la prudencia en otros momentos de la visita. No obstante, este era un riesgo calculado por las autoridades israelíes, considerándolo un contrapeso o la otra cara de la moneda en su política de acercamiento al gran mercado sudamericano, tras la firma del Tratado de Libre Comercio. Que Lula se presentara como líder de la mayor potencia de Sudamérica era de esperar, puesto que el desaire a los EEUU y Canadá en la cumbre de México tenía más de posicionamiento en la cabecera de la foto oficial que de exclusión real de aquellos países de dicha cumbre, habida cuenta que ésta venía dada por la propia definición y naturaleza de la misma. Entonces, ¿qué andaba buscando Lula en Israel y sus alrededores?
En primer lugar, Lula persigue, una vez abandone su presidencia, dejar a Brasil colocado en primera línea de los países con capacidad de decisión mundial; incluso para él mismo, un estamento de parecido o igual rol. Al contrario que el Ministro español Moratinos, que pasea su triste figura entre bambalinas y despachos de medio pelo, Lula pudo ofrecer la aún imberbe diplomacia de una potencia más que emergente a la hora de intentar solucionar un problema como el de Oriente cercano. Imberbe y zarrapastrosa diplomacia en este caso, porque no de otra manera se puede calificar a la que, en el corazón de Israel, desaconseja a su líder, Lula, colocar unas flores junto a la tumba de Theodor Herzl. Mal comienzo. La bofetada diplomática llevaba un mensaje más allá de la huella dactilar dejada sobre el rostro de Netanyau, un mensaje dirigido al mundo, en especial al árabe-musulmán. No cabe duda de que el gesto, zafio y grosero, ha sido un guiño cómplice a Mahmud Ahmadinejad, sacristán mayor del régimen iraní, a Erdogán el turco, y a Bashar al-Assad, el heredero de la finca siria que su padre se apropió. Un gesto más, aunque innecesario, para afianzar una posición de interlocutor potente y, al mismo tiempo amistoso, a los líderes de esos regímenes islamistas. Tanto más cuanto la delegación brasileña, sin restregarse las gauchas botas, se apresuró a colocar unas sangrientas flores, en el sangriento panteón del sangriento terrorista Arafat.
Harán bien las autoridades israelíes en deglutir el sapo y no sobredimensionar estos gestos, propios de chamacocos sin desasnar, con miras a futuros y prósperos lazos comerciales. Pero tampoco olvidarlos, haciéndoselos recordar en cada oportunidad que se presente, como hizo Lieberman no asistiendo a ninguno de los discursos que Lula pronunció en su visita. Es obvio que, como advirtió el canciller de Exteriores, no puede venir como hermano quien osa meter en el mismo saco, en aras de unas futuras e hipotéticas negociaciones, los argumentos israelíes y los exabruptos de la gente terrorista. No es admisible que Lula pretenda utilizar el territorio de Israel como base logística para sus ambiciones políticas y ponga en cuestión la seguridad de los judíos, dando cobijo en su discurso y palmada en la espalda a quien, como Hamás, mantiene como único objetivo la lucha terrorista contra Israel, o apoyando un programa nuclear iraní, beligerante y amenazador de exterminio para con Israel. Verdad es que en un acto celebrado en Sanpablo para homenajear el “Día Nacional de la Cultura Árabe” dijo que “Si no colocamos a todos los implicados en torno a una mesa y comenzamos a discutir qué tipo de paz queremos, vamos a dejar las cosas igual a lo que está aconteciendo desde hace cincuenta años” Otra actitud buenista y pretensiosa. Huero discurso de quien no quiere saber de la Historia, de quien, al parecer, visita las hemerotecas sólo para consultar las viñetas necrológicas. Esa paz etérea e inasible que propugna no podrá ser un logro ignorando adrede la realidad y su génesis. No quiero, añadió, que se cometa con Irán el mismo error que se cometió con Iraq, cuya invasión en 2003 fue consecuencia de dos grandes “mentiras” contadas a la Humanidad. Una: el arsenal de armas químicas de Sadam. Dos: la pacificación del país después de la guerra, ya conclusa. Ambas, meros pretextos de EEUU y sus aliados.
Al respecto de la primera “mentira”, únicamente se me ocurre sospechar que de la importancia del arsenal químico de Sadam quien más debería saber sería el país suministrador, y este fue, en gran medida y exceso, EEUU. Durante años, el sherif mundial abasteció al dictador iraquí de ingentes cantidades de armas químicas. Parte de éstas fueron utilizadas contra los kurdos. El resto, obviamente, deberían estar guardadas a buen recaudo.
De la segunda “mentira” esgrimida por el bueno de Lula sólo cabe decir que la guerra inter-musulmana es mundial y antiquísima. El foco local de Iraq no es más que una de las miles de batallas que suníes y chiís han librado, libran y pelearán. Luego, los orígenes de la guerra con Iraq, con independencia de los soterrados intereses económicos americanos en la zona y del gran error que supuso la confusión del objetivo inmediato –Iraq por Irán-, fueron otras “mentiras”.
Incuestionablemente, Lula ha conseguido, al menos, uno de sus objetivos: que Brasil acapare espacio e interés entre los comentaristas y estudiosos políticos, a pesar de sus coqueteos con regímenes populistas y alérgicos al control democrático. Brasil ha dejado de ser únicamente el Carnaval de Río, y ello supone ocupar por derecho propio un espacio de las cabeceras de prensa, siendo esto, a su vez, significante preludio de confrontación con los EEUU en el arbitraje en las Américas.
Pero en lo que se refiere al rol desarrollado en su periplo medio oriental, que es lo que aquí nos importa, la frase supuestamente atribuida a Shimon Peres: “Venga, señor Presidente, y encienda la luz de la paz en Medio Oriente”, no puede ser más intempestiva o, al menos, inoportuna. La frase supone un cruel e injusto reconocimiento implícito de que la política llevada a cabo por Israel en su intento de consolidar su Estado en medio de de tanta cohetería, de tanto dardo envenenado, de tanta prensa malintencionada, de tato imbécil suelto –político o no político-, no ha sido, no es, la correcta, ya que ni con halcones ni con palomas se han conseguido resultados mínimamente ilusionantes sobre la paz con los musulmanes, si exceptuamos los tratados con Egipto y Jordania. A no ser que la frase de Peres, a tenor y en consonancia con su edad y su experiencia, tenga más de coña que de cortesía diplomática. En tal caso, que con su pan se lo coma Lula. Y, si hace al caso, con sus biocombustibles, con su etanol y con su petróleo. Porque no deben olvidar las autoridades brasileñas que esos mismos recursos energéticos con los que trata de apabullar a Bibi son los que a diario colocan en los mercados China, Rusia, India, a pesar de su ausencia o debilidad democrática. Tampoco que, si bien su tasa de inflación es mínima, para que su capacidad de influencia mundial sea real y efectiva, sus tasas de pobreza, de violencia y de desigualdad social deberán disminuir en el mismo porcentaje. Lo que, en definitiva quiere decirse, es que consejeros ricos y soberbios sobran, así como buenistas que vienen a oler en casa ajena, cuando tienen la mierda en su alcoba.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

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