LA MUERTE YEVAMOS EN LA BOCA, MOS PARACE COZA POCA.
LA MUERTE YEVAMOS EN LA BOCA, MOS PARECE COZA POCA. Refrán sefaradí.
Con poco menos de un año de diferencia, la Audiencia Nacional española, la misma que tiene al juez Baltasar Garzón en un trullo de papel, ha puesto en evidencia al Gobierno, revocando la decisión de la Dirección General de Registro y Notariado, previos informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de considerar al movimiento Tabligh Jammaat (Congregación para la Propagación del Islam) de “secta segregacionista y contraria a la integración social”. Ha sentenciado conceder la nacionalidad española por residencia a un miembro de esta secta, que le fue denegada ya por la Dirección General de Nacionalidad en base a que “El movimiento Tabligh profesa un islam conservador y fundamentalista aplicado a una visión intransigente de las reglas coránicas y persiguiendo su imposición en todos los órdenes de la vida. Esto conlleva la propagación de una conducta segregacionista respecto a la sociedad no musulmana dentro de la cual no tiene ningún interés en integrarse. La integración social no se deriva exclusivamente del conocimiento del idioma sino de la emancipación del régimen de vida del solicitante con los principios y los valores sociales, el grado de implicación en las relaciones económicas, sociales, culturales y el arraigo familiar”.
A este sectario, al que la Audiencia Nacional le ha concedido la ciudadanía, lleva viviendo en España desde hace 36 años, estudió EGB y posee dos negocios en Andalucía, lo definen los servicios secretos españoles como “miembro activo del movimiento tabligh, conocido por su intransigencia con los valores de la libertad e igualdad sobre los que se asienta nuestra sociedad, al pretender trasladar normas de origen coránico interpretadas literalmente o de manera integrista a un plano social y por tanto diferente del estrictamente religioso”. Sorprende, sin perjuicio de la libertad religiosa y de culto que la Constitución española garantiza, la pertenencia a una secta de esas características, después de tantos años de convivencia ciudadana, de recibir desde la infancia una enseñanza laica, de tener la posibilidad de engarzar amistades, compromisos, vecindad, se pertenezca de forma activa a un grupo seudo-religioso que promueve la segregación. Ha de tenerse en cuenta al respecto que la mayoría de los islamistas detenidos en territorio español, como los que atentaron en el 11-M, eran españoles o residentes, comerciantes y de apariencia pacífica.
En la Audiencia Nacional no solo se ha desoído al cercano CNI, sino que los informes y ecos sociales venidos de allende los mares, de la extraña Europa incluso, les traen al pairo. Así, frases de expertos como Horacio Calderón diciendo que los “misioneros” de Tabligh Jammaat son un peligro para la seguridad nacional argentina, puesto que sus prédicas tienen como raíz doctrinaria el extremismo islamista más puro, siendo éstas, la identificación y reclutamiento de cuadros duros sus objetivos, para una posterior formación en algunos de los centros establecidos en Europa. Debido a la detención en Mar del Plata de varios de estos “misioneros” se ha alertado en toda Argentina sobre la actividad creciente de islamistas, aunque, según afirman desde el Centro Islámico de la República Argentina, esta gente viene reclutando potenciales terroristas desde hace veinticinco años. Aunque pueda extrañar que sus actividades hayan pasado casi inadvertidas durante tantos años, ello tiene su explicación en que no suelen emitir comunicados ni informaciones de prensa y que en sus relaciones internas no utilizan nunca la palabra escrita, sino que se comunican oralmente. Esta táctica ha hecho más difícil la tarea de los servicios de inteligencia. Ha de hacerse constar, concluye Calderón, que aunque Jammaat Tabligh constituye un semillero de cuadros del que se nutren organizaciones terroristas como Al-Qaeda, y sus propósitos y estrategia en general no incluyen oficialmente el uso del terrorismo, las organizaciones que sí lo hacen reclutan miembros entre los cuadros más duros del mencionado grupo “misionero”.
Habrían de tomar nota los propulsores de la llamada Alianza de Civilizaciones de que Jammaat Tabligh, según reafirma Calderón en “lanación.com”, siendo como es un movimiento mundial de enorme magnitud, no tiene una estructura férrea de comando o cuadro militarizado. Es un sistema de mecanismo relojero, en el que los cuadros afines a diferentes organizaciones, con puntos coincidentes y no coincidentes, comunes o no comunes, giran, rotan y hacen saltar resortes con resultados tristemente conocidos. Estos cuadros, unidos por la práctica rígida de su religión y el odio a todo lo occidental, combinan estas preferencias con la participación en la lucha armada y el uso del suicida para ataques terroristas. Habrían de tomar nota, también, estos buenistas jugadores a la ruleta rusa en cabeza ajena, que mientras en este país, España, el Ministerio de Justicia subvenciona con cientos de miles de euros a esta secta islámica, con cuya ayuda está creando una densa red de asociaciones, especialmente en el País Vasco, Cataluña, Madrid, Murcia o Ceuta, el Ayuntamiento de Newham, en Londres, ha bloqueado la construcción en el Este de la capital la que habría sido la mayor mezquita de toda Europa. Parece ser que esta non nata mezquita verá la luz del día en la localidad murciana de Torre Pacheco, donde se ubicará en un edificio de varias plantas.
Este es el ambiente, el entorno de esta gente que la Audiencia Nacional en España no tiene empacho en concederles la nacionalidad española, contraviniendo los informes del CNI y del diputado Ignacio Gil Lázaro, secretario de la comisión investigadora del atentado del 11-M. En éste, se afirma taxativamente refiriéndose al movimiento Jammaat Tabligh: “Por tratarse de un movimiento fundamentalista e integrista, se debe realizar un seguimiento y control de sus actividades, como se está realizando con otros grupos de tendencias similares, para prevenir el desarrollo de actividades potencialmente peligrosas” Hablamos de septiembre de 2004. Consecuentemente, más tarde, en enero el m ovimiento Jammaat Tabligh fue señalado inequívocamente como el generador de los terroristas que ocasionaron el 11-M. Para los especialistas, el grupo terrorista que ocasionó la matanza lo había formado Abu Dada en el año 2000, utilizando adeptos de dicho movimiento e integrantes de Al-Qaeda, tales como Amer el Azizi, Kaled Zemini y Serhane Ben Abdelmajid.
Meses más tarde, en Italia fueron expulsados del país catorce miembros del Tabligh, al tiempo que en Alemania hacían lo mismo con tres más, que reclutaban jóvenes para Al Qaeda.
Por aquellos días, la actitud expectante de las autoridades francesas respecto de esta escuela de terrorismo se trocó en juicios y expulsiones varias debido a al atentado contra el metro de París, el intento de lo propio con un avión de la PanAm y el envío cuasi masivo de jóvenes franceses para engrosar las filas del talibán.
Estos son los hechos y aquélla la filosofía que se está aplicando en España al respecto. El papanatismo español ha llevado a buena parte de sus autoridades a considerar a los Jammaat Tabligh como la vacuna natural contra el salafismo o el wahabismo, sus enemigos dentro del islam. Con la integración de esta organización en la Unión de Comunidades Islámicas de España, pretendidamente para controlarla, sólo han conseguido exponer otro colectivo a la infección, ampliando el campo de actividad de los tabligh, haciendo más cómodo su difuso, subrepticio, soterrado fomento del terrorismo. Seguramente los creadores de la Alianza de Civilizaciones, en su actitud beatífica ante la yihad, mantendrá los mismos criterios para el trato con estos ortópteros, pero bueno sería que comenzaran a escuchar a los que les advierten de que Jammaat Tabligh es -ya lo decía- un artefacto de relojería que en cualquier momento puede explotar, una secta antioccidental, terrorista intelectual.
Haim.
Con poco menos de un año de diferencia, la Audiencia Nacional española, la misma que tiene al juez Baltasar Garzón en un trullo de papel, ha puesto en evidencia al Gobierno, revocando la decisión de la Dirección General de Registro y Notariado, previos informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de considerar al movimiento Tabligh Jammaat (Congregación para la Propagación del Islam) de “secta segregacionista y contraria a la integración social”. Ha sentenciado conceder la nacionalidad española por residencia a un miembro de esta secta, que le fue denegada ya por la Dirección General de Nacionalidad en base a que “El movimiento Tabligh profesa un islam conservador y fundamentalista aplicado a una visión intransigente de las reglas coránicas y persiguiendo su imposición en todos los órdenes de la vida. Esto conlleva la propagación de una conducta segregacionista respecto a la sociedad no musulmana dentro de la cual no tiene ningún interés en integrarse. La integración social no se deriva exclusivamente del conocimiento del idioma sino de la emancipación del régimen de vida del solicitante con los principios y los valores sociales, el grado de implicación en las relaciones económicas, sociales, culturales y el arraigo familiar”.
A este sectario, al que la Audiencia Nacional le ha concedido la ciudadanía, lleva viviendo en España desde hace 36 años, estudió EGB y posee dos negocios en Andalucía, lo definen los servicios secretos españoles como “miembro activo del movimiento tabligh, conocido por su intransigencia con los valores de la libertad e igualdad sobre los que se asienta nuestra sociedad, al pretender trasladar normas de origen coránico interpretadas literalmente o de manera integrista a un plano social y por tanto diferente del estrictamente religioso”. Sorprende, sin perjuicio de la libertad religiosa y de culto que la Constitución española garantiza, la pertenencia a una secta de esas características, después de tantos años de convivencia ciudadana, de recibir desde la infancia una enseñanza laica, de tener la posibilidad de engarzar amistades, compromisos, vecindad, se pertenezca de forma activa a un grupo seudo-religioso que promueve la segregación. Ha de tenerse en cuenta al respecto que la mayoría de los islamistas detenidos en territorio español, como los que atentaron en el 11-M, eran españoles o residentes, comerciantes y de apariencia pacífica.
En la Audiencia Nacional no solo se ha desoído al cercano CNI, sino que los informes y ecos sociales venidos de allende los mares, de la extraña Europa incluso, les traen al pairo. Así, frases de expertos como Horacio Calderón diciendo que los “misioneros” de Tabligh Jammaat son un peligro para la seguridad nacional argentina, puesto que sus prédicas tienen como raíz doctrinaria el extremismo islamista más puro, siendo éstas, la identificación y reclutamiento de cuadros duros sus objetivos, para una posterior formación en algunos de los centros establecidos en Europa. Debido a la detención en Mar del Plata de varios de estos “misioneros” se ha alertado en toda Argentina sobre la actividad creciente de islamistas, aunque, según afirman desde el Centro Islámico de la República Argentina, esta gente viene reclutando potenciales terroristas desde hace veinticinco años. Aunque pueda extrañar que sus actividades hayan pasado casi inadvertidas durante tantos años, ello tiene su explicación en que no suelen emitir comunicados ni informaciones de prensa y que en sus relaciones internas no utilizan nunca la palabra escrita, sino que se comunican oralmente. Esta táctica ha hecho más difícil la tarea de los servicios de inteligencia. Ha de hacerse constar, concluye Calderón, que aunque Jammaat Tabligh constituye un semillero de cuadros del que se nutren organizaciones terroristas como Al-Qaeda, y sus propósitos y estrategia en general no incluyen oficialmente el uso del terrorismo, las organizaciones que sí lo hacen reclutan miembros entre los cuadros más duros del mencionado grupo “misionero”.
Habrían de tomar nota los propulsores de la llamada Alianza de Civilizaciones de que Jammaat Tabligh, según reafirma Calderón en “lanación.com”, siendo como es un movimiento mundial de enorme magnitud, no tiene una estructura férrea de comando o cuadro militarizado. Es un sistema de mecanismo relojero, en el que los cuadros afines a diferentes organizaciones, con puntos coincidentes y no coincidentes, comunes o no comunes, giran, rotan y hacen saltar resortes con resultados tristemente conocidos. Estos cuadros, unidos por la práctica rígida de su religión y el odio a todo lo occidental, combinan estas preferencias con la participación en la lucha armada y el uso del suicida para ataques terroristas. Habrían de tomar nota, también, estos buenistas jugadores a la ruleta rusa en cabeza ajena, que mientras en este país, España, el Ministerio de Justicia subvenciona con cientos de miles de euros a esta secta islámica, con cuya ayuda está creando una densa red de asociaciones, especialmente en el País Vasco, Cataluña, Madrid, Murcia o Ceuta, el Ayuntamiento de Newham, en Londres, ha bloqueado la construcción en el Este de la capital la que habría sido la mayor mezquita de toda Europa. Parece ser que esta non nata mezquita verá la luz del día en la localidad murciana de Torre Pacheco, donde se ubicará en un edificio de varias plantas.
Este es el ambiente, el entorno de esta gente que la Audiencia Nacional en España no tiene empacho en concederles la nacionalidad española, contraviniendo los informes del CNI y del diputado Ignacio Gil Lázaro, secretario de la comisión investigadora del atentado del 11-M. En éste, se afirma taxativamente refiriéndose al movimiento Jammaat Tabligh: “Por tratarse de un movimiento fundamentalista e integrista, se debe realizar un seguimiento y control de sus actividades, como se está realizando con otros grupos de tendencias similares, para prevenir el desarrollo de actividades potencialmente peligrosas” Hablamos de septiembre de 2004. Consecuentemente, más tarde, en enero el m ovimiento Jammaat Tabligh fue señalado inequívocamente como el generador de los terroristas que ocasionaron el 11-M. Para los especialistas, el grupo terrorista que ocasionó la matanza lo había formado Abu Dada en el año 2000, utilizando adeptos de dicho movimiento e integrantes de Al-Qaeda, tales como Amer el Azizi, Kaled Zemini y Serhane Ben Abdelmajid.
Meses más tarde, en Italia fueron expulsados del país catorce miembros del Tabligh, al tiempo que en Alemania hacían lo mismo con tres más, que reclutaban jóvenes para Al Qaeda.
Por aquellos días, la actitud expectante de las autoridades francesas respecto de esta escuela de terrorismo se trocó en juicios y expulsiones varias debido a al atentado contra el metro de París, el intento de lo propio con un avión de la PanAm y el envío cuasi masivo de jóvenes franceses para engrosar las filas del talibán.
Estos son los hechos y aquélla la filosofía que se está aplicando en España al respecto. El papanatismo español ha llevado a buena parte de sus autoridades a considerar a los Jammaat Tabligh como la vacuna natural contra el salafismo o el wahabismo, sus enemigos dentro del islam. Con la integración de esta organización en la Unión de Comunidades Islámicas de España, pretendidamente para controlarla, sólo han conseguido exponer otro colectivo a la infección, ampliando el campo de actividad de los tabligh, haciendo más cómodo su difuso, subrepticio, soterrado fomento del terrorismo. Seguramente los creadores de la Alianza de Civilizaciones, en su actitud beatífica ante la yihad, mantendrá los mismos criterios para el trato con estos ortópteros, pero bueno sería que comenzaran a escuchar a los que les advierten de que Jammaat Tabligh es -ya lo decía- un artefacto de relojería que en cualquier momento puede explotar, una secta antioccidental, terrorista intelectual.
Haim.

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